Crónica · Norte de Santander

El alma misteriosa de Cácota

Entre leyendas, montañas y memoria, un pueblo de más de 400 años convierte sus historias en patrimonio, identidad y una razón para atraer visitantes.

A 105 kilómetros de la Perla del Norte, ubicado en la región sur-occidental del departamento, en medio de verdes montañas, temperaturas que por poco llegan a cero grados y nacimientos de agua que brotan de forma mágica, se encuentra un atractivo y colonial pueblo en donde el legado indígena, junto con las huellas imborrables de la realeza española que un día dominó estas tierras, se camuflan en medio de un paisaje pintoresco, una arquitectura histórica y el calor humano de sus habitantes que se resisten a que sus raíces desaparezcan.

Se trata de Cácota, un municipio nortesantandereano con más de 400 años de historia que ha decidido hacer de su memoria y sus relatos un espacio de encuentro con todos aquellos que llegan hasta allí y se dejan cautivar no solo por la imponencia de su entorno natural, sino por la magia y la fantasía que lo envuelve.

Cuatro espantos que a casi todos los habitantes de este pequeño pueblo han atemorizado, al igual que un imponente peñón con forma de ojo, considerado sagrado por la importancia del legado indígena que algún día habitó esta tierra, se han convertido en la excusa para atrapar la atención del turista.

Y es que, aunque pasen los años y la modernidad aceche, en Cácota el riesgo de que la memoria de sus historias se desvanezca no es una opción.

Paisaje de Cácota, Norte de Santander

Día a día su identidad cultural sigue estando presente en cada testimonio de sus habitantes; de los que han presenciado la figura espeluznante y casi humana de unas ánimas que caminan entre las calles frías de este paraje auténtico, mientras arrastran las cadenas que cargan el peso de sus almas. De aquellos que han oído las lamentaciones profundas y los pasos adentro de sus viviendas de la vieja mechosa. O de quienes se pierden entre los árboles custodiados por los tenebrosos ojos del cojito de los leños y se funden en el encanto que se encuentra oculto entre las cristalinas aguas de la laguna del Cacique.

Narraciones que hoy no solo hacen parte del patrimonio cultural inmaterial de los cacoteños, sino que se han vuelto la fuente de su sustento y la forma de mantener vivo un legado.

“Un día saqué una de mis facetas como artista integral y le dije al entonces alcalde: venga, ¿por qué no vamos a hacer unas esculturas de los sustos bien bacanas para que la gente se las encuentre cuando van por el camino? Él me dijo: hágale, hágale, plásmelas y miremos a ver cómo hacemos”.

Yezid Araque · Promotor turístico

Yezid Araque, un empresario y promotor turístico, quien con su visión logró proyectar a Cácota, a partir de la cultura, da testimonio de cómo este municipio pudo comenzar a desarrollarse a partir de la gestión de su historia y sus orígenes, al punto de convertirse en referente a nivel departamental, nacional y hasta internacional.

Y fue así como, según el relato de este promotor turístico, surgieron las esculturas de los ‘sustos de Cácota’, los cuatro espantos que los desprevenidos turistas que viajan a deleitarse con el encanto de este pueblo encuentran a lo largo del camino real que conduce a la laguna y que sirvió de ruta al rey en sus visitas.

Cácota y sus leyendas

“Las ubicamos sobre el camino real y han tenido mucho impacto, porque el turista, ante el desconocimiento, recorre este camino con la intención de conocer el páramo y la laguna, y el susto que se lleva cuando las encuentra por primera vez es épico”, dice Yezid.

En la vereda Matadelata, muy cerca del casco urbano de Cácota, a media noche se escucha el canto afligido de un indio. Nadie sabe por qué su canto es tan lastimero, pero el contexto de esta leyenda se remonta a los tiempos de la conquista española.

En San Bartolo, el cerro tutelar del municipio, ubicado en la zona rural de Cácota, también en la vereda Matadelata, por la parte de atrás del pueblo, se encuentra un imponente peñón en forma de ojo, el cual refugió a decenas de indios chitareros que huían de la esclavitud que las tropas españolas vinieron a infundirles.

“Cuando es noche de luna llena y suenan las 12:00 de la noche en el campanario del pueblo, el ojo de piedra vierte lágrimas y se escucha el canto del indio que llora su amargura milenaria”.

Érase una vez… tradición oral cacoteña

Los espíritus de los indios que vivieron allí se pasean interminablemente.

Paisaje de Cácota Entorno natural de Cácota

Aquellos que en Semana Santa montan glampings alrededor de la laguna y el cerro, atestiguan sobre estos sucesos fantasmales que envuelven a Cácota y sus veredas, de misticismo y terror.

Así lo cuenta Evangelista Cañas:

“Unos muchachos que posaron aquí en una camita que tenemos rústica les contamos y no nos creyeron; dijeron que eso era mentira, pero en la noche se pusieron a poner cuidado ahí y se dieron cuenta”.

Evangelista Cañas
Patrimonio e identidad

Mantener el legado

Las narrativas, mitos y leyendas han sido fundamentales en la construcción de la identidad cultural de Cácota, ya que transmiten valores, creencias y una memoria histórica de generación en generación.

A través de estos relatos, los niños y jóvenes aprenden sobre lo que se considera correcto o incorrecto, a la vez que preservan las tradiciones y las prácticas culturales ancestrales propias del municipio.

Tradición cultural de Cácota

Al compartir y escuchar historias comunes, se fortalecen los lazos comunitarios y se asegura la continuidad de conocimientos prácticos y costumbres locales, esenciales para la vida cotidiana de una población como esta. Los más pequeños son el pilar fundamental de estos proyectos, pues los cacoteños se sienten comprometidos con la necesidad de que sus saberes sean heredados y se mantengan vivos entre las futuras generaciones.

El libro ‘Érase una vez…tradición oral cacoteña’, de la autoría del Ministerio de Cultura en colaboración con la Alcaldía de Cácota, también es una forma de hacer tangible su patrimonio.

“A lo largo del tiempo, Cácota ha mantenido su tradición colonial, visible en la arquitectura de sus casas y calles. Sin embargo, la tarea de preservación no es sencilla. La comunidad se ha dado a conocer mediante el Festival Cultural del Aguinaldo, que se celebra del 16 al 24 de diciembre”.

Arney Guillermo Gauta · Gestor cultural

Durante esta festividad, se aprecia un flujo significativo de visitantes, muchos de ellos atraídos por la música, las costumbres y leyendas locales. Precisamente, Gauta asegura que hace casi tres años fue necesario agregar un día más al festival, debido a su impacto en el departamento, especialmente en el último mes del año.

Festival y cultura de Cácota

“Cácota es tradición, porque nos antecede una historia de muchos años. A través de la tradición oral de nuestros abuelos, nuestros padres, vecinos y amigos, hemos podido reconocer la cultura de Cacota”, reconoce.

Dicen que entre más años pasen, el riesgo de la pérdida de memoria de un legado es mayor entre los habitantes que viven entre su historia, pero en Cácota parece que este decir se queda en simples palabras, pues ya son más de 400 años con los que cuenta este municipio y ni el pasar del tiempo ni la llegada de las nuevas generaciones, con su tecnología en la espalda, han podido dejar en el olvido las historias de un legado místico.

El alma de este popular municipio seguirá estando presente en cada casa construida sobre esta tierra, en los vientos fríos que se entrelazan con la belleza de cada paisaje y en cada piedra que forma las calles por las que un día caminaron indígenas y reyes.


Dicho por sus habitantes, Cácota seguirá siendo “un municipio misterioso, trabajador y humano”, que siempre estará esperando a sus visitantes, con un cálido abrazo de bienvenida.